La particular exigencia de la China Suárez para protagonizar la nueva ficción de El Trece

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La fotografía es de antaño y aunque su nitidez es nula, aún puede apreciarse un dejo de tristeza enmarcado sobre su rostro en blanco y negro. Tomada en 1918, antes de que sus sueños se vieran arrebatados por la barbarie y su nombre se redujera a un simple apodo, la añeja imagen de Ruchla Laja (Raquel) Liberman no tardaría en trascender a la historia por su carácter de lucha y valentía. Pero nada imaginaba entonces con veinticuatro años, aquella inmigrante polaca de origen judío que sumida en la pobreza de la posguerra, cruzaba el Atlántico con la promesa de un futuro mejor para sus hijos. Víctima de la “Zwi Migdal” —histórico burdel que operó entre 1906 y 1930 bajo el nombre “Varsovia”—  pudo torcer su destino y tras seis años cautiva como esclava sexual, desmantelar la primera red de trata criminal en la Argentina. Un siglo después, parte de la dramática historia inspirada en su vida, publicada como material literario por más de cinco autores, acontece en la “Unidad 2” de Pol-ka con sede en Don Torcuato.

La “polaca” está sentada sobre un banco al aire libre y al grito de “acción”, según indica el capítulo 48 del libreto, debe levantar la mirada con expresión de asombro y caminar hasta desaparecer de cuadro.“¡Un respiro…! Por suerte hoy me tocaron escenas tranquilas, pero ya la que viene es de nuevo sufriendo. ¡Me toca sufrir! Aunque obviamente no se muestra la brutalidad con la que era realmente”, desdramatiza María Eugenia Suárez Riveiro una vez que la toma conforma al director.

La actriz de “Multitalent” llegó a los Estudios Baires a las 10. Dos horas después de dejar a su hija Rufina en la escuela y de compartir el desayuno en casa con Magnolia de un año y dos meses. “Es un placer porque estoy muy cerca. A veces vuelvo a mi casa, almuerzo y a veces me las traigo”, aclara en un intento de cruzar en tacos las pavimentadas calles de época que conforman el decorado de ATAV (“Argentina, Tierra de Amor y Venganza”) la ambiciosa tira de Pol-ka para El Trece.

Con una hora para almorzar, la pareja de Benjamín Vicuña pide que le alcancen la comida —hamburguesa de lentejas con papas fritas, zanahoria rallada y gaseosa light —  al camarín. “Celebro lo que pasa con la novela en un momento en el que todos sabemos que está pasando la economía y ni hablar la televisión”, cuenta a CARAS mientras condimenta a gusto el plato vegetariano con sal marina de Malbec que trajo de su casa. Sobre la mesa, además de surtidas golosinas en su versión miniatura — souvenirs de su reciente viaje a Nueva York — Suárez conserva algunos apuntes con anotaciones en polaco. “Uno de los siete idiomas más difíciles del mundo”, advierte quien se preparó con una coach particular durante semanas para dominar el idioma y dar vida al personaje que ella misma eligió interpretar. “Yo pedí hacer de Raquel aunque inicialmente me habían llamado para otro. Adrián (Suar) tenía dudas y me decía: ‘China es una apuesta grande, ¿Vos sabés en lo que te estás metiendo? Te puede ir muy bien o te puede ir muy mal’ Por ahí hubiese sido más fácil irme a la segura, pero en general soy de elegir lo difícil. Lo único que quiero es que a los polacos les guste y sientan que lo hago con respeto”, asegura.

—¿Se exige mucho para lograrlo?
—Soy muy exigente y a veces me cuesta verme, en general los actores somos así. Pero no me castigo, confío mucho en el criterio de los directores y me apoyo en lo que me dicen. También soy muy disciplinada porque vengo de la escuela de Cris Morena y aunque antes era chica y quizás puteaba, no la cambio por nada.
—Raquel es una inmigrante judía que llega a la Argentina sin hablar una palabra de español. ¿Cuántos dolores de cabeza le trajeron sus primeras clases de polaco?  
—¡Yo soy aplicada! Todo lo que no fui en el colegio. Pero mi coach me tiene cagando igual, es muy estricta con la pronunciación y me deja todo por escrito en cada escena (muestra los apuntes). Después los escucho por nota de voz para aprender bien la pronunciación. Al principio ella venía todos los días a mi casa y ahora que mi personaje empieza a hablar más español no pero todavía tengo alguna que otra frase que me escribe por libro.
—Más de una vez le tocó compartir set con su pareja Benjamín Vicuña pero esta es la primera vez que sus historias no se cruzarán por libreto. ¿Es cierto que fue un pedido especial de ustedes?
—Sí, por un tema de credibilidad también. Somos una pareja que está muy instalada, muy expuesta en las redes y en todos lados. Y creo que fue una buena elección cuando  al principio del programa dijimos: “Che, Adri nos parece mejor que no estemos juntos”.
—¿También el de grabar menos horas para estar menos ausente en casa y no descuidar a sus hijas?
—Claro porque me da la posibilidad de ir a buscar a Rufina al colegio que ahora empezó doble escolaridad. Igual no soy de estresarme mucho, salvo cuando están las dos juntas porque es mucha demanda, una llora, después empieza la otra y no te podes dividir. Pero como tengo mucha energía y soy medio pulpo, me cargo a Magnolia a upa dándole la teta mientras revuelvo la comida. Desde muy chica hago veinte cosas a la vez, soy medio terremoto. Rufina está en una edad súper difícil entre los celos y todo pero como cualquier hermano mayor ama con locura a Magnolia y me ayuda un montón.
—Compone a una de las primeras feministas que luchó contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual, por la que se aprobó la denominada ley de “cierre de prostíbulos” en 1936. ¿Es un doble reto para usted siendo un caso verídico?
—No sé si es un reto pero me inspira muchísimo por el momento actual que vive la mujer. Siento que me llegó el personaje en el momento justo. Porque uno va teniendo cada vez más información y la verdad que las mujeres me inspiran mucho. Siempre tuve muy clara la igualdad desde chica porque la vivía en mi casa. Lo veía a mi papá lavar los platos, cocinar, yo llegaba y él estaba limpiando el piso. Aunque todavía vivimos en un mundo muy machista, me criaron con esa naturalidad. Y siento que todos estamos como en un proceso de aprendizaje.

  

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Fuente: Caras