Hits, novedades y aires “tangueros” para el show de Fito Páez en el Hipódromo de Palermo

“Ahora sé que ya no puedo vivir sin tu amor”. “No todo el mundo tiene primaveras”. “Ya no pertenezco a ningún ismo“. “Siempre se hace tarde en la ciudad”. “La calle no es un buen lugar para vivir, mucho menos para morir”. “El tiempo es un efecto fugaz”. “Las sombras que aquí estuvieron no estarán”. En rosa, resaltadas por la negrita y, en rigor de verdad, sin las mayúsculas que aquí se leen, las frases recortadas de grandes éxitos de Fito Páez fueron apareciendo en la pantalla que iluminaba desde el fondo del escenario del Hipódromo de Palermo, en la previa a su show. Una especie de autospoiler de lo que iba a sonar en minutos, pero también un recordatorio de algunos de los tantos momentos indelebles que Páez grabó en el inconsciente colectivo.

En el marco del Movistar Fri Music, juntó a unas 25 mil personas para dar un show propio ante “extraños”. Se esperaba que el cantante diera un set festivalero y efectivo que encendiera el karaoké masivo. A cambio de eso, combinó sabiamente sus páginas más conocidas con algunas de “La ciudad liberada” (2017), su último álbum. Y al público, entre familiar y curioso, le costó devolver algo de lo que bajaba desde el escenario. Fito supo remarcarlo en varias ocasiones: “Ay, parece todo una escuela pupila de señoritas. Che, por favor, estamos en Buenos Aires, es una ciudad que arde”, soltó después de la recepción gélida que recibió un tema caliente, catártico y guitarrero como “Naturaleza sangre”.

Antes, todo había comenzado arriba con el leit-motiv geográfico incluido en “Tema de Piluso” (“Cerca, Rosario siempre estuvo cerca”) que revela origen, para abrirle paso a la crónica dramática y urgente de “La ciudad liberada”. Para endulzar las cosas otra vez, hecho mano a otras dos nuevas: “Wo wo wo”, inspirada en un sueño que incluía a Fabiana Cantilo y Pity Alvarez; y “Tu vida mi vida”, definitivamente un nuevo clásico, entre las mejores canciones compuestas por Páez alguna vez, con sus dobleces ochentosos tan herederos de Charly García como de su propia música.

En línea con la melancolía típica de los domingos a la noche, Fito le dio lugar a dos momentos tangueros que fueron lo más destacado de la primera mitad del recital. Primero, la inoxidable “Giros” y sus motivos ciudadanos sugeridos en la melodía. Después, invitó a María Campos (quién antes había cantado sus canciones, entre los shows de La Femme d’Argent y Leo García) para que aportara su caudal arrabalero en la emotiva “La despedida”. Su presencia generó un silencio de cristal, que permitió oír la destreza de Páez sobre el piano e incluso resaltó el sugestivo sonido de un avión que abandonaba Aeroparque, como efecto especial para las estrofas que estaban siendo cantadas.

Hubo otro invitado y fue el histórico David Lebón: cantó la propia “Copado por el diablo” y, más adelante, sumó su guitarra para una versión electrificada de “Ciudad de pobres corazones”.

Como en los últimos años, a Páez lo acompañó la banda que componen Diego Olivero (bajo, teclados y dirección musical), Juan Absatz (teclados y guitarras), Gastón Baremberg (batería) y Juani Agüero -con unos anteojos a lo Willy Wonka- que soltó varios solos de guitarra explosivos, destacándose especialmente en “El jardín donde vuelan los mares”: una sinuosa oda de aires beatle capitaneada por Fito en plan “Sargento Pepper”.

La cantante Anita Álvarez de Toledo aportó coros en algunas canciones, luciéndose en “El amor después del amor” cuando desató su garganta junto al clímax del tema.

Las visuales que acompañaron no estaban en random y todas tenían su razón de ser para resaltar algunos aspectos entrelineas. Por ejemplo, los alambres de púa para la poesía espinosa de “Polaroid de locura ordinaria”, o la cinta discontinua que divide los carriles en el asfalto, para “Al lado del camino”, que se iba haciendo curva a medida que el relato se iba enrevesando.

“Me parece que así, para mí, se terminó. Este un vínculo de a dos. Ya está todo dicho: a buen entendedor, pocas palabras. Se terminó, listo. Fue una noche herrrrmosa, Buenos Aires, hermosa”, azuzó Fito por última vez al público, cuando concluía con “Plegaria”. Aunque en realidad estaba sobreactuando un fastidio para engancharla con la siguiente, “Se terminó”, también se estaba manifestando contra el estatismo con el que respondía buena parte del público.

Fue justo ahí cuando comenzaron a despertarse, coincidiendo con lo más hitero del repertorio: “Brillante sobre el mic” -aquí, Fito aprovechó su coda para avisar “aunque no lo crean ya tengo nuevo disco”-, “A rodar mi vida” y “Circo Beat”.

Para los bises, Páez se cambió el uniforme en distintas tonalidades de rojo -tapado, pantalones y zapatos brillosos- por un traje turquesa y unas zapatillas blancas. Un elegante sport ideal para arengar el tramo final: “Dar es dar”, “Mariposa tecknicolor”, “Y dale alegría a mi corazón” -la banda dejó los instrumentos para dirigir el coro del público- y la concluyente “El diablo en tu corazón”, fechada en 2001 pero tan actual como hace 18 años. Un último cartucho de energía para que el público, al menos, acompañe en la catarsis y en el sentimiento. “Buenos Aires, sí, cortá la mufa de tu corazón”, suplicó el artista junto a la multitud envalentonada que, a continuación, se retiró mansa a concluir el domingo.

Fuente: Infobae

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