El complejo vínculo de Julio Iglesias con sus ocho hijos y la larga lucha de Javier Santo por ser reconocido

Un hombre revuelve la basura de una de las casas más exclusivas de la zona más exclusiva de Miami. Nadie le presta mucha atención. Si lo hicieran notarían que ese hombre mal vestido y con aspecto de linyera es muy parecido a otro que, el día anterior, bajó de un auto de lujo para cenar en un restaurante cuyo menú no baja las cuatro cifras. ¿Qué busca ese hombre? En su bolsa, preservados y rotulados, guarda diversos objetos: un pañuelo, una lata de gaseosa, una servilleta y hasta el corcho de una botella. Cuando cree que ya tiene lo suficiente aborda el vuelo que lo lleva de regreso a su patria, España.

Allí esos objetos dejarán de ser basura para considerarse pruebas. Es que al estudiar las huellas con su ADN se determinará si Javier Sánchez, el hombre que lo contrató, por fin podrá probar que ese hombre dueño de esa mansión exclusiva es su padre, el famosísimo Julio Iglesias.

La historia comenzó cuando María Edite Santos conoció al cantante en una discoteca de Girona, en 1975. Luego de una semana de pasión, Iglesias partió. Nueve meses después, el 19 de abril de 1976, nació Javier. Muchos años más tarde, en 1991, comenzó una demanda por paternidad.

Como Iglesias se negaba a realizar un examen de ADN, Santos contrató a un detective para que buscara entre los deshechos de la casa de Miami y los lugares que frecuentaba Julio Iglesias objetos que pudieran servir como muestras. El objetivo se cumplió, dando inicio al proceso judicial con más ingredientes de culebrón que elementos de justicia. Porque los magistrados pidieron pruebas que demostraran que esos objetos habían sido tocados por Iglesias y obtenidos de forma legal, y como no se comprobó, lo desestimaron.

Entonces el detective aportó una secuencia de fotos donde se ve a Julio José Iglesias, uno de sus hijos, cuando se le cae una botella, y como no la recoge, el inspector se la toma. Ese envase sirvió para extraer ADN, pero los abogados del artista alegaron que la coincidencia entre hermanos era del 97% y la desestimaron.

Así, entre demandas y contrademandas, transcurrieron casi 30 años hasta que este miércoles 10 de junio el titular del juzgado de Instrucción 13 de Valencia estableció que Javier Sánchez-Santos es el hijo biológico de Julio Iglesias y argumentó la negativa del cantante a someterse a una prueba de ADN pero también el “evidentísimo parecido físico” entre ambos. Apenas unas horas después de conocida la sentencia los abogados del cantante dijeron que apelarán, y se escribirá un nuevo capítulo en esta saga.

En todo este tiempo, y mientras el culebrón se desarrolla las redes españolas se llenaron de memes sobre la paternidad de Julio Iglesias. La más viralizada es una donde se lo ve con su mejor sonrisa, señalando con el dedo y la frase: “Puedes ser mi hijo… y lo sabes”.

Si se repasa la carrera como cantante de Julio Iglesias, sus números impresionan. Grabó 79 discos en 14 idiomas que vendieron más de 300 millones de copias, y por los que recibió 2600 discos de oro y platino. Pero no solo trascendió por su música, sino también por su fama de seductor eterno y galán irresistible. Alguien lanzó que llegaban a tres mil sus amantes, cifra que quedó instalada -pero no corroborada- cuando la revista Maxim elaboró un top ten de los hombres vivos con más “ligues”, y Julio ocupó el cuarto lugar.

Pero así como su carrera estuvo llena de éxitos y su vida sentimental de aventuras amorosas, si se hiciera un concurso de padres no se llevaría el primer premio. Como él mismo reconoció, nunca fue muy apegado a sus hijos porque estaba siempre viajando y sin tiempo para estar con ellos.
Con Isabel Preysler, su primera mujer, tuvieron a Chabeli, Julio José y Enrique. De su matrimonio con Miranda Rijnsburger nacieron Miguel Alejandro, Rodrigo, Guillermo y las mellizas Victoria y Cristina. En total, ocho Iglesias.

Con los primeros tuvo una relación distante y compleja. Distante porque nacieron en su mayor época de fama y el cantante los veía apenas unos días al año. Compleja porque aunque sus hijos decidieron ser músicos, él los apoyo más nada que poco. Enrique contó que cuando escuchó su primer disco, Julio le aseguró, enojado: “Esto es un desastre. No vas a llegar a ningún lado. No va a vender”. Pero, cuando el disco superó el millón de copias le dijo que eso pasaba no por sus méritos propios sino porque era su hijo. Nunca compartieron escenario ni trabajaron juntos, Julio jamás asistió a un concierto de Enrique. Y su hijo tardó un año en invitarlo a conocer a sus nietos, los mellizos Nicholas y Lucy.

Con Julio José su vínculo tampoco es muy fluido: rara vez se encuentran, aun cuando ambos viven en Miami. Chábeli, su primogénita, se mudó a Carolina del Norte; en 2012 fue mamá de Sofía y Julio se enteró del nacimiento por las revistas ya que su hija mantuvo el embarazo en secreto. Cuando le preguntan por el vínculo con su famoso padre, dice simplemente que no son “una familia muy normal”.

Con los hijos de su segundo matrimonio, el cantante se tomó algunas revanchas, quizá porque la paternidad lo encontró pasados los 50 y en el comienzo del fin de su carrera. A diferencia de sus hijos con Isabel, los que tuvo con Miranda ocuparon menos espacios en revistas. Para evitar las guardias fotográficas el matrimonio decidió que hicieran la primaria en su casa y solo dieran en la escuela los exámenes para pasar de grado.

También disfrutaron un poco más de la compañía de su padre aunque no tanto ya que Miranda está instalada en Miami con los chicos y Julio Iglesias prefiere pasar el tiempo en sus residencias de Punta Cana y Bahamas.
Con Miguel Alejandro, el primogénito de su segundo matrimonio, por ahora la relación no parece tan compleja porque el muchacho decidió estudiar administración de empresas y no desarrollar una carrera artística. Es que más que el mundo de la música, le gustan las finanzas de ese mundo.

Rodrigo sí quiere ser cantante, pero al estilo de sus hermanos Enrique y Julio José, con los que se lleva muy bien. Por ahora, digno millenial, se lo conoce más por lo que postea en el mundo virtual que por sus actuaciones en el mundo real.

Guillermo cumplió 12 años y se destaca con la batería, lo que motivó un único posteo elogioso de su padre. “Mi pequeño Guillermo y su talento”, escribió en su red oficial junto a una imagen de Guillermo tocando la batería.

Guillermo Iglesias, con la batería (Video: Instagram)

Alguna vez, con su seducción habitual, Julio Iglesias aseguró sobre su éxito: “Cuando me miro en el espejo no entiendo nada de lo que pasa conmigo“. Quizá sus hijos sienten lo mismo acerca de ese padre tan conocido por todos, tan desconocido para ellos.

Fuente: Infobae

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